“Héctor nació de mis entrañas hace diez años. Intenté librarme, pero me perseguía en sueños. Para poder expulsarlo, comencé a escribir sobre él. Durante ese lapso, en el que pasó de todo en la Argentina, Héctor me atravesó como un intento de entenderme dentro de nuestra locura nacional.
Decidí concluir el texto durante la pandemia, en medio de esa bisagra política que nos lanzó hacia lo desconocido. Héctor fue caos, furia, catarsis. Fue hurgar en ese gen argentino donde la perversión era el denominador común de mi infancia (los 90) y de lo que siguió después. También le robé gestos, huellas y diálogos a mi mundo cercano, a mi aldea, a lo que fui y a lo que soy. Luego, como director, elegí abordar el material desde el grotesco para construir una farsa que sigue abierta y en movimiento.
Hoy la obra se convierte en un espejo incómodo y necesario: una experiencia teatral en la que humor y tragedia se mezclan para invitar al espectador a reconocerse en sus excesos, sus miedos y sus propias farsas.”
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