En un mundo regido por la urgencia, la productividad y la visibilidad más que cruel , esperar —sin garantías ni testigos— se vuelve casi un acto de resistencia.
El proyecto dialoga con la tradición del absurdo, en particular con Samuel Beckett, pero relee la espera desde una perspectiva actual, atravesada por la pérdida de sentido y la necesidad de seguir estando aun cuando nadie mira. A su vez, se inscribe en el legado de Fernando Arrabal y el Teatro del Pánico, incorporando el juego, la dualidad de dos que somos uno , el exceso, la contradicción y el humor como herramientas políticas.
La puesta en escena elige la austeridad y el objeto mínimo como núcleo simbólico. Un zapato puede organizar un espacio? puede, creemos nosotros, y también puede organizar el tiempo, no como metáfora cerrada sino como vínculo ético con lo ausente. La búsqueda de sentido hace que estos dos hombres se re definan uno en el otro. Hace que la espera sea el motivo y la razón de un todo.
El cuerpo, el ritmo, el sonido y el silencio construyen la dramaturgia tanto como la palabra. Dos cuerpos sosteniendo el mundo mientras esperan. Dos cuerpos sosteniéndose
La obra invita al público a habitar ese tiempo suspendido como una forma de pensamiento colectivo y tal vez de salvación poética.
Corina Fiorillo
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