Durante casi dos horas, TURF desplegó un repertorio pensado para recorrer toda su historia, atravesando distintas etapas sin quedarse únicamente en lo más reciente, y presentaron dos temas nuevos que formarán parte de su próximo álbum. Cada canción funcionó como parte de un viaje que reafirma su lugar entre los grandes nombres del rock nacional.
Al frente, Joaquín Levinton brilló con una presencia magnética, confirmando por qué es considerado uno de los líderes más carismáticos de Latinoamérica. Su manejo del escenario, su conexión con el público y su impronta única elevaron cada momento. A su lado, Leandro Lopatín (guitarra), Fernando Caloia (batería), Carlos Tapia (bajo), Nicolás Ottavianelli (teclados) y Santiago Tato (Guitarra) sostuvieron una performance impecable, consolidando la fuerza colectiva que distingue al grupo.
Sin invitados ni artificios, la propuesta se centró en la esencia de TURF: canciones, actitud y una identidad que atraviesa generaciones. Fue una celebración auténtica, a la altura de una carrera que no pierde vigencia.
El cierre terminó de coronar el concepto de festejo cuando apareció una enorme torta sobre el escenario y la banda sopló las velitas junto al público.
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